26/12/10

Presentación

DCyR nace con el propósito de ofrecer a la sociedad una propuesta política donde el ciudadano sea el verdadero protagonista y el partido político un mero instrumento de transmisión de la Soberanía Popular. En un contexto donde los partidos políticos se han convertido en organismo de poder, DCyR parte con el deseo de “regenerar la democracia” creando una organización de abajo hacia arriba donde la democracia participativa sea la columna vertebral de su funcionamiento

Para DCyR decir República es decir Ciudadanía y con ello hablar de Ciudadano como sinónimo de persona librepensadora y comprometida, en oposición a la de individuo cliente, espectador, usuario o súbdito. Queremos ofrecer a los ciudadanos una opción netamente republicana, ausente hoy en día del panorama político, recuperando la tradición democrática española de aquellos que han buscado persistentemente en nuestro país instaurar la libertad política, la igualdad ciudadana, la justicia y la fraternidad.

DCyR desea ser un partido moderno, que ancle sus principios en los problemas del día a día de la sociedad del ahora con perspectiva de futuro. Mirará al pasado para identificarse en la historia pero huirá de la nostalgia y honrará a aquellos que lucharon por la defensa de los valores ciudadanos. Nuestro compromiso también con el desarrollo de una pedagogía republicana que colabore en desterrar los estereotipos que perviven en nuestra sociedad resultado de ausencia democrática durante un largo período de nuestra historia reciente.

Rechazamos identificarnos con aquellos que diciendo buscar un modelo de estado republicano utilizan la violencia de cualquier tipo en la consecución de sus fines y se alejan del civismo que es término consustancial a la defensa de los valores republicanos.

Trabajaremos por una República con republicanos, es decir, una república de todos y para todos que proteja los derechos individuales en un estado garante del bienestar social. El Estado debe de asumir sus compromisos sociales y los ciudadanos tienen la obligación de exigírselo. La enseñanza y la sanidad, a través de una red de centros propios, ha de desarrollarse en función de un modelo de calidad y no de las necesidades particulares y sindicales.

Creemos que el modelo electoral se ha agotado y su mantenimiento es un obstáculo para el saneamiento de la política, por eso debemos dotarnos de un nuevo sistema en el que las listas cerradas y bloqueadas no existan, con circunscripciones más pequeñas para que los electores conozcan y controlen a sus representantes.

Defenderemos una República en la que la cuestión identitaria y lingüística sea un derecho pero jamás un privilegio, en la que los españoles sean el todo sin que jamás se les niegue como parte. Nos declaramos federalistas como sinónimo de unidad a un proyecto común en oposición radicalmente al llamado nacionalismo excluyente.

La separación de la esfera religiosa y la esfera pública fue una vieja aspiración de liberales, demócratas y republicanos y en esa línea en el contexto actual defenderemos la efectiva libertad de conciencia en un estado laico. Para nosotros el laicismo es la garantía de la libre elección de creencias y de su ejercicio dentro de la ley, en ningún caso el ataque a las religiones y a la prohibición de su práctica. Los republicanos estamos firmemente comprometidos en la búsqueda de la neutralidad de estado frente a los intereses particulares al mismo tiempo que rechazamos su injerencia mutua.

Fundamos este partido con el deseo de atraer hacia él a esa gente valiente que perciba que la política hoy en día necesita una regeneración para trabajar por una nueva ética y estética en las formas y en los contenidos. Es nuestro deseo que se integren en esta tarea aquellas personas que crean que pueden hacer algo por cambiar las cosas, ciudadanos que crean que en política es necesario contar con una visión más cotidiana y cercana a los problemas y que no se identifique con el político profesional.

Queremos que en las instituciones se hable de ciudadanía y república, queremos ayudar como decía D. Manuel Azaña a que el arroyuelo murmurante de las gentes descontentas se convierta en ancho río.

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